miércoles, 30 de enero de 2013

Urgencias


Es urgente la VIDA.

Es urgente reírnos y
                          reivindicarnos como
                                                porfiado milagro.

Es urgente
                   desnudarnos,
despojarnos,       descalzarnos
y dejarnos reinventar,
                     volver a trazar
sin coherencias
                 en el desierto exuberante
                               de lo humano.

Se hacen urgentes,
                              coordenadas nuevas, locas
             sin nortes ni sures
                                  con amaneceres y ocasos
                lentos, muy lentos,
                                            eternos, frágiles
con despilfarro de emoción
                    con derroches de sorpresa
una mueca en las prisas del reloj
                            una broma
de un destino,
                        tal vez de dos.

Es urgente el grito
           como las manos        el fuego         el rocío
la poesía        la carcajada       el orgasmo.

Son urgentes los sueños
      a puñados,           a borbotones
en cascada
                        chorreando por una esquina de la mesa
manchando el espejo,
                               la boca, la colcha
          el hoy.

Es urgente el abrazo
          con tu cara
                       hundida en mi cuello
con tu perfume
                            en mis hombros
              con tu latir
                                en mi existir.
Es urgente la risa
             colgada de la ventana    
                             en la bañera haciendo la plancha
                en el tirante de tu sujetador
en los baches de la calle
           en el hueco de tu voz.

Es urgente la travesura
             prima hermana de la complicidad
                                      cambalache dulce
                 delirio necesario
palabras pronunciadas
                              con  el sólo mirar.

Es urgente increpar al miedo
                   poseídas de esperanza
                                 borrachas de confianza
                           ponerlo a parir sin piedad
amedrentarlo
                    sin descanso
                ningunearlo, deprimirlo, abandonarlo...

Es urgente que me sumerja en tu mirada
                          que me esconda en tu hondura
                                                    y me despilfarre de vos.

Es urgente que anide en tu piel
                              y desde esa urgencia sin medida
                                                  sin nortes ni sures
                               ni mares ni dioses
que me limiten
                                        te fecunde de besos el alma
                   siembre de ternura tu hambre
cabalgue sin tregua tu amor.




viernes, 8 de octubre de 2010

Pétalos

Ring

Cansancios uno sobre otro, uno contra otro, uno en otro.
Los brazos pesados dando golpes al vacío, la vista se nubla.
No sé quien tengo en frente pero pego y me pegan.
Así, un minuto tras otro la continua batalla de estar viva.
El desgaste, el cansancio, lo in´til, de sostener los brazos defendiendo la cara y acechando el puño.
Ya las piernas no sostienen el juego, no hay velocidad ni destreza. Más bien, se quedan clavadas y como un muñeco inflable que destila su sonrisa idiota, voy y vengo oscilando entre extremos.
Qué sentido tiene todo esto? Ninguno. Sobrevivir, supongo, una vez que comprendí el juego para no ser aniquilada en la jungla.
Cansancios uno sobre otro, anquilozados.
Los guantes viejos y agrietados, fuertemente apretados a mis muñecas y el protector bucal chorreando miserias.
Cuando la vida se convierte en un ring es porque algo muy dentro mío dejó de sentir, de pensar, de querer, de desear y lo único que queda es seguir la pelea mientras el cuerpo aguante.
Qué cuerpo y qué guante?
El que parece que está a punto de desmayarse para no admitir su propia vulnerabilidad.

jueves, 30 de septiembre de 2010

Parálisis

La verdad duele, abre grietas, entumece.
Sus palabras me desnudan frente al espejo sin piedad, una a una las vocales caen, las sílabas se desbarrancan. El párrafo se deshilvana y mi discurso es una verborragia esquizofrénica, inconclusa, inútil.
Mi cuerpo se encoje para que la vergüenza no lo destruya, se acongoja en la ira de su propia estructura.
Esa imagen, la mía y la suya, la que me invento y la que me devuelve, se desmorona.
La tristeza lo invade todo, ya que ese todo es nada, ya que ese todo no existe.
Cenizas, como en las que me convertiré algún día, resumiendo los intentos sostenidos en la oscuridad de una urna.
Cenizas, polvo, presente, tan infame y fugaz, como casi todo, como yo misma.
Parálisis en el alma, cuando el espejo se agrieta en la verdad que horada la roca.
Una bestia con los puños en alza, dispuesta al golpe más que al beso, dispuesta a la riña antes que a la caricia. Un animal asustado y perplejo, un animal que frente a su sombra o frente a su reflejo, no reconoce sus formas y se embebe de melancolía.
Todo confirma los augurios del cielo, castigo y destierro para la bestia, no merece compañía.
Si hay augurio y si hay cielo, escalo las paredes de ese párrafo que hecho añicos, disuelve mis definiciones. Es un ritual recurrente y extremo que desenfoca mis humanas razones. Conceptos sobran pero ninguno alcanza para disfrazar mis eternos temores.
Noche.
La verdad duele pero no llueve. El cuerpo se encoje, esperará los primeros albores de alguna primavera para abrirse a la tierra desnudo y doliente, esperando que algún brote, alguna brizna de vida, sobreviva y entregue mejores semillas que el tiempo presente.
El cuerpo se encoje y grita, hasta que la sangre invade las grietas y la vida se escapa de las establecidas presiones.
El cuerpo ignora la ruta pero sabe, en lo más profundo de su noche, que la latencia del deseo discurre por sus renglones. El cuerpo sabe que en algún momento las grietas, más que heridas, serán pasiones.

martes, 28 de septiembre de 2010

Soliloquio

Hueco

El vacío podría ser un hueco en el centro de mi universo.
Un agujero negro de una profundidad desconocida.
No es miedo, ni angustia, ni desolación, tal vez, un poco de hastío.
Un mar de rutinas, cuatro paredes descascaradas, un cansancio infinito, una vela con el pabilo humedecido.
Podría ser una musica de calesita arremolinada en los pies como agua turbia.
Un tiempo efluente de otras inundaciones o desbordes o sequías o carencias o, mejor dicho, saciedades sedientas.
En el hueco no hay concepto ni palabra que acalle aquello que falta aunque no sepa su nombre.
En el pozo hay un sonido puro y constante que aturde y acuna, que ensombrece y alivia.
Allí hay una oscuridad penetrante de un fantasma adusto y sepulcrante.
Brota un quejido qeu se muere en el mismo instante.
Llueve y llueve la misma letanía de vez en cuando, de tarde en tarde.
Cruje y cruje la misma cuerda que sostiene los miedos al ras del camino, ése, que no conduce a ninguna parte.
Cuenco y manos, manantial de temores.
El sueño y el hueco, hundidos en la msima carne.
Cuenco y hueco, caudal que no cesa, que se abre y espesa al compás de mi sangre.
Cuenco y hueco, algarabía de inciertos a los costados de mis calles.
Sueño, cuenco, hueco.
Una misma carne.

viernes, 3 de septiembre de 2010

Consuelo

Pregunta

Quién se llevó el silencio angostado de sombras?
Qué queda en la penumbra cuando la existencia se agota?
Qué se adivina en la pregunta que no termina nunca?
Un puñado de encuentros se pelea por salir en la foto.
Una selección de sentimientos en el medio del huracán.
Una actitud, acurrucada en el almanaque.
Qué queda cuando el último grano de arena pasa por el cuello del reloj?
Que queda de mí, de vos, de todos y todas, de cada uno?
Si la distancia es honda, los abrazos no llegan y queda a mitad de camino un racimo de angustias, de culpas, de deseos, una ofrenda de momentos compartidos, una bandeja de buenas intenciones, una bocanada de sueños nuevos que se esfuma.
Queda la huella impresa como un sello, en el pecho, en los días, en las calles.
Quedará un beso eterno plasmado en los lugares, los olores, las mañanas y una foto que se torna sepia, barnizada de nostalgia.
El misterio de un intervalo multifacético entre dos eternidades.
Una pausa vivida intensamente como oportunidad única e inigualable.
Un laberinto transcurrido con las herramientas de siempre, mezcla de amor, locura y destino.
Qué queda cuando la noche se cierne y los párpados se cierran?
Un viaje inusitado y profundo a lo más auténtico que puede ser nuestro camino, al manantial del que proceden nuestras pobrezas, a la grieta donde se esconde el mayor de los sentidos.
Cuando la noche me apague, quiero quedar alumbrándote como consuelo y certeza, como sonrisa y vivencia, paz cercana que se anide en tu alma.
Cuando me vaya, quiero quedarme desnuda y sin prejuicios, en los que quiero y me quisieron.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Dos

Calma

A veces, la certeza es un descubrimiento que se alza como la claridad sobre la tormenta.
El peso es unánime y los miedos desaparecen, milagrosamente desaparecen.
A veces, el camino se abre paso a través de la niebla y podemos ver más allá, una dirección.
Tan sólo un hacia dónde en el océano de los porqué y para qué.
Desearía poder siempre saborear la conciencia en el cuerpo, en las venas, para flotar en la confianza de lo descubierto: la ecuación cierra.
Sí, la ecuación cierra, y no con números ni cifras ya que quizá desde ese costado austero, mirar la decisión resulta de un suicidio absoluto.
Es aún más deslumbrante… Lo que cierra es la ecuación de la vida.
Aunque sea por un instante...
Hay sentido, comprensión, asombro, paz.
Miles de días atravesando lluvias y soles para que un día, me invada en un microsegundo la comprensión. Para que de repente mire mis huellas y esboce una sonrisa y la calma decante y el día se despida con el obsequio de su intención.
Agradezco las bendiciones, los besos y las escarchas.
Agradezco las crisis y los abismos, las nebulosas y los desiertos.
Agradezco el murmullo del mar en la caracola de mis dudas y el silencio de la noche en la intimidad de mi ser.
Agradezco la desnudez y los pies descalzos pisando lodos y arenas calientes de ansiedad, los asfaltos mojados por la humedad de la angustia, los pastizales incómodos de mi comodidad.
Agradezco y junto las manos, signo de plegaria y de comunión, con el pulso dulce de la vida, con el latir curioso de sus partos múltiples, su sangre plena, su hondura orgásmica.
Agradezco los brazos que me reciben y los senderos que con otros y otras me atrevo a recorrer, sin mapa ni brújula, un horizonte delineado en el cariño, mezcla de mañanas, utopías, posibilidad.
Agradezco tu mano, que se abraza fuerte a la mía y en nombre del amor, se arroja a la inmensidad y tus ojos brillantes de esperanza, un rato antes que el sol comience a despuntar.
Agradezco tu sonrisa y tus silencios, mezcla de respeto y complicidad, germen de un puñado de sueños en mi adusta melancolía, nostalgia de soledad.
Agradezco…

martes, 27 de julio de 2010

Derroche

Pobreza

En el origen.
En el origen había vacío y caos a la vez.
Una mezcla extraña de líquidos y células que se dispersaban y amontonaban, se reproducían en el vacío…aunque era un útero.
En el origen, dos especies se unían, más allá de sus deseos, de unirse; se encontraban más allá del deseo de encontrarse. Casualidad? Causalidad? Capricho natural?
En el origen algo se formaba, algo que les podía cambiar la vida, algo que les podía quebrar las reglas, algo que podía ser maravillosamente una desgracia o desgraciadamente maravilloso.
Hasta ese momento, todo se había calculado. Nunca era la ocasión adecuada, ni lo sería. Él muy viejo, ella muy joven. Los dos muy pobres, muy solos, muy heridos.
Pusieron normas claras, desde el principio, que no fue el origen.
No traer niños al mundo para que sufrieran, para que pasaran hambre o dolor.
Ya ellos habían sufrido bastante.
Él era un hombre viejo, ella una mujer joven. Los dos muy pobres, de esas pobrezas que duelen y no se curan con un plato de sopa caliente.
Cuando el caos llegó al origen o se originó el caos, ellos estaban en el límite. Él en el límite de sus días en la tierra, ella en el límite de sus días en su sangre.
Otras veces, en mejores situaciones, ellos habían atravesado el importunismo del caos y lo habían sabido acallar.
Él preguntaba: Qué vas a hacer?
Ella contestaba: Me lo voy a sacar.
El ritual se repetía a cargo de una sacerdotisa habilitada.
Él respiraba tranquilo, un pobre menos.
Ella respiraba tranquila, me sigue queriendo.
A veces el universo confabula con el caos, a veces opera de manera desconcertante.
En el límite, los riesgos se desvanecen. En el límite de ambos, las cuentas se calculan solas, son un ejercicio, una certeza, lo natural. En el límite no hay sospecha de cambio, después de tantos años de engranajes aceitados. En el límite nadie especula con el error. Demasiadas horas de vuelo, las cosas son así porque son así, ya ni se acuerdan de la explicación. Para qué?
En el origen, el caos se alborotaba y el vacío crecía. El útero se reprimía y se angustiaba. La vida o la muerte y los dados golpeaban la mesa sin caer en el lado adecuado. El caos daba signos mudos que morían en las paredes del útero estrecho. El caos golpeaba el vientre, inundaba de señales, agitaba las mareas. El útero dudaba.
Habría otro ritual? Habría otro pobre más o volvería la calma, sobrellevando el límite, atravesando la recta final? Él la seguiría queriendo? Ella?
Ella se cansó de poner el cuerpo para el placer de él y para su dolor.
Él preguntó: Qué vas a hacer?
Ella respondió: Lo voy a tener.
Un silencio infinito los invadió. Un velo helado los envolvió. Los dados se quedaron quietos y el grito traspasó el vientre.
Él se murió con las manos en la sien, acongojado por la impotencia de saber que a ese niño no lo iba a proteger.
Ella se arrepintió mil veces, aunque nunca lo confesó, de la vida y de las muertes que dependieron de su decisión.
Él la siguió queriendo, hasta el último momento, por lo que dijo y lo que calló, por la vida y por las muertes que en el silencio, él engendró.

martes, 16 de febrero de 2010

Alma

Después de la lluvia llegó la mañana, con las últimas gotas desperezándose al alba.
El día gris de un verano lluvioso. La mirada tenue se pierde en la ventana. Viaja más allá del paisaje. El silencio se hace poesía. Su respiración se mueve con la brisa. Las hojas se rien y rien, del viento que les hace cosquillas.
Después de la lluvia llegó la mañana, un poco gris, un tanto monótona. Las flores del palo borracho derrochan su rosada presencia. No es marzo, piensa ella. No es marzo y un derroche rosado le inunda el pensamiento. Un adelanto del otoño, a medio caminar de febrero? O se tratará de un precoz antojadizo, algo ansioso que ofrece sus colores a destiempo?
Sea como sea, su mirada se detuvo, su respiración acorde a sus silencios. Detenida en una nostalgia de febrero, que no dice ni mucho ni poco, más allá de algún que otro hecho. Lo cotidiano se convirtió en sorpresa, al descubrir lo que no esperaba en su horizonte pequeño. Mira cada trazo con asombro, de esa ventana que no le devuelve más que una pared y un par de árboles lejanos, además de un pedacito de cielo. Las nubes no se atreven a moverse, estáticas sin quien llegue a sus alturas a inquietarlas. Las nubes, entre blancas y grises, entre testigos y verdugos, amenazantes de tormenta.
Su alma, por dónde viaja su alma? Es algo que no tiene respuesta.
Su alma yace entretejida por sensaciones que dan la bienvenida a la calma. La certeza de estar viva.
Un instante sin tiempo y un tiempo sin reloj.
Una locura suelta desabordando el vientre y la lluvia que se demora cobardemente atroz. El afuera ensordecido de la vida social que se escapa como el conejo de Alicia.
El adentro lento y aletargado, en compás de espera, stand by, mute y unas cuántos comandos más.
La lluvia y la mañana no se encontraron esta vez. La lluvia se despidió indolente, inundando de preguntas el amanecer aquel. Las gotas se desperezaron, se despedazaron, se desesperaron y ella se dejó ir con aquellas nubes que no se mudaron porque el viento no sopló lo demasiado fuerte, lo demasiado alto, lo demasiado audaz.
Las nubes y ella se quedaron quietas, hipnotizadas, de tanto mirarse, sin tiempo y sin reloj. Enamoradas? Qué se yo!

lunes, 9 de noviembre de 2009

Cavidades

Los abrazos, los perfumes de lo humano que me tejen.
Las cavidades de la nostalgia del hogar en cualquier casa.
Cualquier casa que me abrace, cualquier cuna que me acoja como paréntesis temporal en el mar de las obligaciones.
Si me haces bien, si te hago bien, si nos buscamos casi cotidianamente…qué hace que no me detenga a cobijarme en tus rincones?
Una suma de soberbias disfrazadas de urgencias, restringen mis venas llenas de ese instante de cariño. Cómo pasar de largo sin reconocernos por la misma calle? Cómo agrietarnos en la misma vidriera sin la más mínima sospecha que la esencia de nuestra carne va besando la muerte, sin ésta ser tan cierta?
Me he prohibido reconocerme vulnerable. Nada me duele, nada me atraviesa y bajo mis oscuros muros me desvanezco con la mordaza de mis propias violencias.
Adónde huyes mujerzuela tonta?
Dónde te escondes cuando la carne te aprieta?
Todo el mundo te señala oliendo tus impurezas, que claman al cielo una caricia, como tierra seca en verano, pide lluvia, pide ternura, aunque sea, alguna que otra tormenta.
Los abrazos que se fueron no son de otros, como los que vengan no serán eternamente nuestros…pero serán esa marca más allá de la marca, que se reconoce en la acción expresa, en la interfaz de los cuerpos encontrándose sin respuestas.
La sed puede ser abundante, tan ardua que desaparezca la necesidad o, que por el contrario se la niegue.
Por no pedir limosnas, por no cruzar la valla, para que los miedos me protejan del conjuro de querer, me mimetizaré con las paredes blancas de la pena y en la oscuridad invisible de las carencias me protegeré.
Pero, llegarás vos, si vos, ya sabés.
Llegarás con tus colores y tu magia, descubriendo en el ladrillo a la trémula mujer, que débil y vacía se esconde en el muro, sumida en la indolencia de no atreverse a querer.
Pintarás una frase en mi cuerpo y ya no seré la misma, bautizada nuevamente, tantos años después. Me cambiarás el nombre y el cuerpo, la risa brotará de tus manos, tan distinto a ese primer nacer.
Pintarás espirales en mi boca y mi vientre será cuenco de nuestro querer.

jueves, 10 de septiembre de 2009

Brechas

Entre el todo y la nada...dos mundos en uno, un gris oblicuo, una humanidad latente y el deseo urgente de parir libertad.

Castigo

Era una niña.
No me llegaba ni a las rodillas.
Edad? Cualquiera. Cinco, veinticuatro, cuarenta y siete, setenta y dos.
Era una niña…ella o yo?
Las escalinatas de una Iglesia eran su domicilio. Algo así como su palacio en ruinas.
Su mano tendida por debajo de los harapos era un cuenco abierto a lo indecible.
Quereme…Quereme…Quereme.
Su reclamo se adueñaba del ruedo de mi falda.
Su insistencia podía ser infinita y estúpida. No reconocía el No, no sabía el significado de un desprecio, no le importaba que la apartaran violentamente. Luchaba a brazo partido con la indiferencia.
Las monedas jugaban en mi bolsillo un tintineo aberrante. Las monedas, la limosna, el diezmo, la caridad, el lavado de conciencia, lo que me sobra, la culpa y mi alma atrapada por su mirada entre ingenua y asesina. La opresión de su deseo en un juego de premios y castigos donde la que termina en el infierno, con mis monedas, soy yo.
Era una niña…ella o yo?
Era un torbellino que jugaba con las hojas muertas en la escalinata de Dios, a dos pasos de la entrada a la aceptación de los buenos. Era la imposición, el obstáculo. Era la vigía del afuera que ponía a prueba mis convicciones. Saltarla era lo esperable que nunca sucedía. No había modo de evitarla, ni huir, ni….No, no había chance.
Era Dios el jodido que instalaba el personaje a dos pasos de su puerta?
No me llegaba ni a las rodillas y la ira era más grande que la compasión.
Era una niña mendigando cariño.
Era una niña…ella y yo

martes, 8 de septiembre de 2009

Pausa

Informe

El malestar se instala en la boca del estómago, como un piquetero enardecido. Los hombros pesan y los bostezos acompañan la apatía, el bajón, la angustia. No sé bien qué sucede, es una mezcla enmarañada de insatisfacciones. Podrían ser miles. Me voy deprimiendo y encerrando en una burbuja oscura
¿Qué te pasa? Nada.
¿Te pasa algo? No
¿Por qué estás así? No sé.
¿Qué querés? No sé
¿Estás enojada por algo? No
¿Estás cansada? No
No. No sé. Nada. No sé. No. Nada.
No son los otros ni otras.
Soy yo, yo, yo, yo...Yo.
¿Una construcción de mi ego?
Me duermo con bronca. Los puños apretados. Malestar.
El sueño me devuelve una pesadilla…alguien se cae sobre mí en el instante que estoy bebiendo agua. Muerdo el vidrio, la copa se deshace y los vidrios invaden mi boca. Escupo, escupo y sangro. Me quedan esquirlas en mi garganta. Es horrible. Alguien que me saque los vidrios. Siento los vidrios en mi garganta. Llegamos al dentista y en la sala de espera, a la mirada de todos, dos sujetos inhalan raciones gigantes de cocaína. Hay cocaína por todos lados y en todas partes. En la boca de uno de los muchachos, en la canilla del baño. Tomo una pizca y la pongo en mi boca pero la escupo inmediatamente. Tengo miedo.
Me llevo las manos al estómago y respiro, tan solo respiro…ya pasará, ya pasará.
El baño se estanca, nada circula. Los papeles afloran sobre la superficie. Tomo la sopapa y ejerzo presión sin piedad. A la fuerza, se tiene que destapar. Me duelen los brazos. El agua intenta correr, débilmente avanza. Tengo que hacer mucha fuerza. Más, más fuerza, más. Inútil. No alcanza. La mierda siempre vuelve?
Escalofrío. Frío.
Pausa.
Se me resbala la porcelana de las manos. Vidrios, más vidrios. Esta vez sin sangre. Vidrios, más vidrios. Cosas que se rompen. Hace unos días, un plato. Vidrios, más vidrios, en mi garganta, resbalándose de mis manos. Con sangre o sin ella. Sueño y realidad.
Algo siempre se rompe.

martes, 2 de junio de 2009

Incierto

Cúspide

En las alas de la noche
Se esconde lo íntimo.
De la escala de la regla cuelga el antifaz.
Una careta sucia, un tanto desdibujada luego del carnaval
Duerme en el rincón de la ley,
Parámetros y temores,
Curiosa combinación de manchas
Gratis y densas.
Los gritos de impotencia
O de auxilio
Un catálogo de seguridades
El puñetazo en la pared
Ni violencia ni castigo
Un alto en medio del camino
Las calles se cruzan y se pierden
Quien dobla, quien sigue?
Quién encontrará las calles?
Quién?
Yo las puse ahí.
Como puse los silencios
Para no pensar más
Para callar lo demás
Lo que da frío
Y no es invierno