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miércoles, 2 de enero de 2008
Tiempo
El reloj de arena se mueve en círculos. Danza, baila, dibuja mil formas mientras patina entre las sensaciones que me inundan. Atraparlo…es inútil y hasta absurdo. Disfruta mientras la arena se escurre por sus paredes, y en el último grano desborda en un giro intrépido volviendo a empezar. Atraparlo…si hasta parece gracioso porque más lo sigo, más se escapa, más se burla, más me evade, más goza de mi pretensión egoístamente humana: poseer el tiempo.
Lo único que poseo son los momentos, los instantes que quedan tatuados en la piel, que son surco en el cuerpo perfumados de emoción. Para toda la vida son los instantes que no acaban como anécdota inconclusa o nostalgia trunca de deseo. Para toda la vida son las manos entrelazadas en una madrugada cualquiera susurrando caricias, musitando desvelos. Para toda la vida es la magia de un encuentro, en una esquina cualquiera de esta ciudad impaciente donde aparentemente no hay lugar para los que sueñan, donde la realidad es un cachetazo cotidiano disfrazado de descontento.
Para toda la vida es la poesía de sus labios recorriendo mi cuerpo y los mates antes del trabajo entre risas y besos. Para toda la vida es el cansancio placentero de despertarme con su aliento, tan cerca que parece que se escapó de algún cuento. Para toda la vida es su alegría al verme, como si fuera un milagro-sorpresa-descubrimiento y mi mirada entre tierna y tonta, incapaz de creerlo. Para toda la vida es esta forma de amor sagrado y humano que se escurre al compás de las piruetas del tiempo.
Me complace decir que no todo es para toda la vida, porque sería como colgar una piedra del cuello del presente obligándolo a caminar perfecto por la línea delgada de los instantes. Sería torturar los momentos encasillándolos en nuestros supuestos. Entonces, el reloj se volvería tieso sin más movimiento que el deambular de sus agujas a las horas señaladas, en los minutos exactos. Empobrecido por la precisión, carecería de incertidumbre, se herrumbraría sin emoción…agonizaría el tiempo.
Quiero que mi tiempo sea ese reloj de arena que no deja de girar y dar saltos mortales, de esos que me revuelven la panza, descubriéndome en el abismo del vértigo y al borde de la locura infinita de vivir. Ojalá nunca pueda atraparlo o, mejor dicho no intente hacerlo, tan sólo quiero dejarme llevar, bailar con él, a su ritmo, con sus vueltas…Para toda la vida.
jueves, 22 de noviembre de 2007
Habilitación
Alicia busca una lapicera impacientemente en su cartera.
Un formulario, una firma. Un papel lleno de sellos que la habilita a ejercer.
Una hoja que le proporciona el permiso para circular por las aulas derrochando sus saberes.
Son las diez de la mañana y está cansada de las colas, de los papeles, de los sellos y las firmas.
Pero al fin el trámite acaba, porque algún día las cosas se terminan y pasamos a otra etapa. Porque algún día damos vuelta la página, como Alicia que después de muchos años de encierro decidió volver a la escuela y no es fácil. Porque podemos elegir doblar en la siguiente esquina, cruzar de vereda, asumir el riesgo de abandonar la vía segura de los días. Porque se cansó de esperar que los chicos crezcan, que su madre no la necesitara, que su marida no la reclamara, que haya tiempo simplemente para ella.
De a ratos le parece tarde, la inseguridad la envuelve. Tanto tiempo postergado, invertido en otros intereses, tal vez en otras creencias. Porque su mundo se alimentaba de esos deseos de ser madre, esposa, mujer, amante. Se quedó entre cuatro paredes inventando un mundo casi perfecto para otros y creyendo que también para sí misma. Se quedó en los detalles cotidianos y se esfumó la frescura de su piel, la espontaneidad de su risa en el cuidado casi absurdo de lo que pensaba era correcto.
Se equivocó o no? Está bien? Está mal? A quién le importa? Ingenuidad o comodidad?
Tantas preguntas….
Ahora se encuentra al final de un pasillo de un oscuro y húmedo ministerio, con su lapicera en la mano, a punto de recibir el papel que le abre la puerta para salir a jugar.
Sueña con esa posibilidad de volver a desplegar los mapas sobre la pizarra, hablar de países lejanos, de territorios diferentes, de paisajes diversos, de esa geografía que es su ciencia. Necesita contarle a alguien que ella sabe, que no se olvidó, que sólo fue una postergación tal vez tonta pero necesaria. Ella necesita demostrarse que los años y las pretensiones de su mundo perfecto, no le quitaron sus proyectos. Necesita sentirse viva por ella misma, para sí misma …aunque para volver a la docencia tenga que soportar la cola, los papeles y el burócrata de turno que le importa muy poco quien es ella.
Volver a empezar, retomar el camino con la experiencia de lo vivido y con el peso de lo postergado. Volver a empezar y sentirse como el primer día con el pizarrón vacío y la tiza intacta. Volver a empezar admitiéndose como aventurera principiante que descubre aquel universo que sentía ajeno y distante. Volver a empezar con la certeza de que es necesario apostar a un nuevo desafío y con la angustia acompañada del miedo al fracaso. Volver a empezar, reconociendo que todavía hay tiempo, que todavía tiene un puñado de sueños en sus manos.
lunes, 12 de noviembre de 2007
Mentiras
Un globo en la mano.
Tiene el tamaño de un dulce engaño. Está inflado de ganas. Es para ella, la que solo existe guardada en aquel adusto rincón.
Un globo en la mano.
Lila es su color. Es probable que estalle o escape, que explote o se esfume
ante el deseo callado de retenerlo aunque sea un minuto o dos.
Un globo en la mano.
Me equivoco de estrofa. La pasión es trunca, se disfraza de decepción. Elijo su beso sombrío cuando me invade la duda y deja desnudo a mi imbécil corazón.
Un globo en la mano.
Fragil como la verdad más honda, de sentir equivocadamente o ingenuamente que siempre es absurda la razón.
Un globo en la mano...
como una veleta que enloquecida por el viento gira sin norte, a merced de esa vulnerable sentencia humana que declama que no hay pasión sin dolor.
Un globo en la mano
como mentira sostenida que me regale su imagen como espejo de mis caprichos o mis ganas, que refleje lo que anhelo, que me acerque a lo que espero.
Un globo en la mano...
y se despide el intento cansado, incoherente de ir detrás del fracaso,
tejiendo deseos maquillados de imposibles que se burlan idiotas de un amor tan carente.
Un globo en la mano...
como señal de poeta embadurnada de ilusión, que busca algo que la eleve, que la lleve de paseo por las nubes, hacia un cielo que le devuelva la emoción.
Un globo en la mano...
que le corto el hilo, lo dejo libre, lo suelto, lo arrojo sin miedo al espacio.
Que huya y se pierda, que vuele sin rumbo, lejos del bosque enmarañado de mi imbécil corazón
viernes, 5 de octubre de 2007
Sinfonía
Como palo de lluvia, que desde su vientre devuelve el eco de sus sollozos, así los recuerdos editan un salmo, un réquiem, una agonía.
Junio frío y gris.
La niña deshoja notas, inventa acordes, memoriza los tonos de una canción para papá.
Papá yace en la penumbra de la enfermedad, en sus últimas horas, al final del pentagrama.
Su melodía se acaba en un soneto de cáncer que desgasta el fuelle de sus pulmones.
Bandoneón, tango, angustia, qué se yo.
La niña atesora los versos infantiles en su cabeza, en su corazón. Quiere soltarlos a vuelo. Tal vez esos murmullos sonoros rescaten el aliento de vida en la caja mustia de papá y por eso, los repite incansablemente como mantra milagroso, como fórmula mágica, como conjuro imposible de quebrar.
Y era domingo junto a la cama de papá.
La niña se instala con nerviosismo. Tantos ensayos no agotaron su ansiedad.
Papá se acomoda para escuchar a su niña.
Papá, el gigante de ojos azules. Papá es enorme y la niña le quiere cantar.
La niña toma aire e hincha sus pulmones. Ese aire es el mismo que le ha cansado el fuelle a papá.
Pero algo pasa. El sonido no aparece. Alguien le ha robado la canción a la niña, la canción de papá.
Nada ocurre por más que intenta esbozar alguna estrofa y en el vacío, la niña se siente desmoronar.
El silencio invade a la niña, el silencio inunda a papá.
Los pájaros no volaron esa mañana, papá no se va a curar.
El ladrón de los versos era la muerte y dejó al silencio como cómplice de su oscuridad.
La niña sigue deshojando notas, inventando acordes, memorizando tonos de muchas canciones como aquella, la de papá.
Son algo así como su huella, en esa playa que recorre descalza de respuestas en su intimidad.
Son sonetos para la muerte, cuando la venga a buscar.
Quiere depositarlos en sus manos como ofrenda que es inútil arrebatar.
Quiere que sepa que la espera sin rencores, que la siente como algo natural.
Son adagios de vida con sabor a eternidad. Son semillas de poesías a medio germinar.
Son su barrilete de esperanza que no se cansa de viajar, a pesar de los vientos de junio y de su gris frivolidad.
La niña resiste a la jaula que le impuso el silencio y puebla de alas sus versos para que surquen el cielo infinito, derramando su humanidad.
Es su música escondida que echa a vuelo en las mañanas de los domingos de junio, aunque haga frío en su soledad.
miércoles, 26 de septiembre de 2007
Espera
Coquetea la noche como máscara sobre la luna y en la sombra difusa se esconde una mirada incierta.
Ella está cansada de los juegos, de las verdades a medias, de esa adolescencia eterna que no le da paso a la adultez. La verdad se escurre entre las grietas de sus máscaras...esas aprendidas, las que construyó en otras épocas y le ayudaron a sobrevivir. El maquillaje corre, ya no soporta los garabatos de ese rostro.
Fuma un cigarrillo sentada en el cordón de la vereda mientras los autos pasan. Se observa las zapatillas gastadas y descubre que es hora de jubilarlas sin mayor melancolía.
Espera....
Espera y disfruta del silencio que germina de a ratos. Hay una aureola abrazando la luna, señal de humedad.
El día se arremolina en su cabeza y las imágenes bailan trayendo su cantinela del hoy; una infinidad de rostros con historias y un burdel de voces que pueblan su interior.
Fuma y espera, como todas las noches en la misma esquina donde se encuentran las mismas calles, donde se derrumba siempre su hoy.
No sabe si quiere volver a casa pero siempre vuelve, como conjuro tonto y atroz.
Espera y está cansada de las verdades a medias, de lo que no revela o no puede contar. La verdad se escurre entre sus grietas. La verdad, tarde o temprano se suele pronunciar.
Espera...ese micro que la lleve al mañana, desde esa misma parada camino al amor.
Espera como quien desgrana las horas con un puñado de olvidos y vacía su bolso de angustias, en busca de redención.
Coquetea la noche, una vez más, como máscara sobre la luna...coquetea eclipsando la razón.
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